EL RETRATO DE DORIAN GRAY (1890)
ÓSCAR WILDE
Un intenso olor de rosas penetraba en el estudio donde se encontraba aquel cuadro que le había fascinado siempre; en él había quedado plasmado su bello rostro, ante él había deseado no envejecer jamás y ahora, mirándolo con atención, comprobaba con estupor cómo aquel retrato acusaba el paso de los días que en él no dejaba huella alguna.
Había pasado veinte años ocultándolo a los ojos de todos pero, con el tiempo, había empezado a odiar aquella imagen que era, que sólo podía ser, un fiel reflejo de su alma viciosa y corrupta.
Así, un día, incapaz de soportarlo más, apuñaló la pintura con furia. Alertados por los gritos, los criados entraron en la habitación prohibida; descubrieron un retrato de su amo que no conocían y, a sus pies, un viejo con un cuchillo en el pecho y un gesto repulsivo lleno de arrugas, un desconocido a quien, hasta que se fijaron en las sortijas que llevaba, no pudieron identificarle.
Había pasado veinte años ocultándolo a los ojos de todos pero, con el tiempo, había empezado a odiar aquella imagen que era, que sólo podía ser, un fiel reflejo de su alma viciosa y corrupta.
Así, un día, incapaz de soportarlo más, apuñaló la pintura con furia. Alertados por los gritos, los criados entraron en la habitación prohibida; descubrieron un retrato de su amo que no conocían y, a sus pies, un viejo con un cuchillo en el pecho y un gesto repulsivo lleno de arrugas, un desconocido a quien, hasta que se fijaron en las sortijas que llevaba, no pudieron identificarle.
LUISA HURTADO GONZÁLEZ
http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es/
