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lunes, 23 de abril de 2012

EL QUIJOTE

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA (1605)
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Como bien recoge Cide Hamete Benengeli, don Alonso Quijano se entregaba en alma a la lectura ininterrumpida de historias de caballeros andantes y, viendo que esto en sí solo no era suficiente para paliar su sed de justicia, lo hizo también en cuerpo, tomando el nombre de don Quijote de la Mancha y, convenciendo a Sancho Panza, rústico cuerdo para que le hiciera las veces de escudero, se echó a los caminos para hacer méritos ante su dama y ascender a las crónicas de la inmortalidad. Con cada aventura corrida -no siempre con final feliz-, avanzaba un paso su locura hacia la sensatez, al tiempo que la cordura de Sancho Panza iniciaba el camino a la inversa, hasta que, al final, don Quijote fue vencido –o, comprendiendo que la ficción no podían salir de los libros, se dejó vencer- y volvió al lugar de la Mancha para morir sosegado. Cide Hamete Benengeli así lo contó, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo de poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.

Manuel Rebollar Barro
http://cazadoresdeintervalos.blogspot.com.es/