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domingo, 29 de abril de 2012

CINCO HORAS CON MARIO

CINCO HORAS CON MARIO (1966)
MIGUEL DELIBES





Después de cerrar la puerta y encender un cigarrillo, Mario recordó aquella pesadilla en la que Carmen le rasuraba la barba, le peinaba y le vestía el traje gris oscuro con la corbata listada para conducirlo a su despacho y someterlo durante horas a un exasperante monólogo. Ahora solo espera que la amargura la pase un brazo por los hombros y  la atraiga hacia sí.
Ana M. Blanco
http://arrimadosalasombra.blogspot.com.es/

jueves, 26 de abril de 2012

EL SUR

EL SUR (1985)
ADELAIDA GARCÍA MORALES





Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro…
Si pudiera doblar el tiempo, si yo pudiera, volvería a los paseos por el campo, al péndulo que me dejabas coger, a  mi mano guiada por la tuya para buscar el agua que corría bajo nuestros pies. Traería los días en que un soplo del sur, ese sur que tanto añorabas, barrió las sombras desangeladas de la casa. Y repetiría, eterno, ese vals que bailaste conmigo. Yo, tu princesa, tú mi príncipe girando sin descanso en el salón de baile donde celebramos mi primera comunión, a la que fuiste a pesar de que tú no creías en esas cosas. ¡Eras tan raro!, decían. Pero pronto iba a perderte. Mucho antes de que el sufrimiento te arrebatara para siempre de mi lado. Los años debieron actuar como bálsamo. No fue así. La herida seguía abierta, en carne viva, y no cejaba de mortificarte. Quería que volvieras a mí, que no me abandonaras. Por eso desaparecí aquel día, para que me echaras de menos y salieras de tu ensimismamiento para ir a buscarme. No lo hiciste. Escondida bajo la cama estuve escuchando el golpeteo sincopado de tu bastón en el piso de arriba. Y entonces comprendí que mi dolor era pura bagatela comparado con el tuyo. Lloro porque me gusta llorar, le dije a mamá. Y en verdad que era un alivio sentir las lágrimas limpiando mi cara. Me dejaste tu péndulo y también el deseo de saber qué te llevó a poner fin al sufrimiento con un disparo. Viajé al sur para conocer a la mujer  con la que habrías querido compartir tu vida. También a tu hijo. Mi hermano. Al que he acabado queriendo. Aunque nada, ni nadie podrá llenar nunca ese hueco que dejaste. 
Y en este escenario fantasmal de nuestra vida en común, ha sobrevivido tu silencio y también, para mi desgracia, aquella separación última entre tú y yo que, con tu muerte, se ha hecho insalvable y eterna. 
Lola Sanabria
http://lolasanabria.blogspot.com/

LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE

 LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (1942)
CAMILO JOSÉ CELA



Yo, señor, no soy malo,  pero todos me quieren mal. Los primeros, padre y madre. Uno portugués, contrabandista, borracho. Otra sucia, desabrida, pendenciera. Y ambos con dos manos que no parecían sino dieciséis. La afición se les pasó tras nacer Rosario – cándida primero, puta después – y Mario, tonto de principio a fin. Luego vino el amor, y con él la Lola, que casi me dio tres hijos. A uno ni le vi nacer, y otro duró un mal aire. El tercero no era mío, así que la Lola se me murió y yo tuve que pedir cuentas al Estirao. De ahí al penal todo fue coser y cantar. Tres años y un día hasta que me tiraron de nuevo al mundo, flaco de carnes y enjuto de corazón. No me quedó otra que regresar al pueblo, casarme con la Esperanza y dar fin - por fin - a mamá. Hoy, entre rejas, aguardo al garrote vil. Feliz, porque ya no me resta nadie a quien matar. Triste, pues justo me toca a mí. Ahora que podía respirar...

Agustín Martínez Valderrama
 http://acusmartvald.blogspot.com.es/

lunes, 23 de abril de 2012

EL QUIJOTE

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA (1605)
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Como bien recoge Cide Hamete Benengeli, don Alonso Quijano se entregaba en alma a la lectura ininterrumpida de historias de caballeros andantes y, viendo que esto en sí solo no era suficiente para paliar su sed de justicia, lo hizo también en cuerpo, tomando el nombre de don Quijote de la Mancha y, convenciendo a Sancho Panza, rústico cuerdo para que le hiciera las veces de escudero, se echó a los caminos para hacer méritos ante su dama y ascender a las crónicas de la inmortalidad. Con cada aventura corrida -no siempre con final feliz-, avanzaba un paso su locura hacia la sensatez, al tiempo que la cordura de Sancho Panza iniciaba el camino a la inversa, hasta que, al final, don Quijote fue vencido –o, comprendiendo que la ficción no podían salir de los libros, se dejó vencer- y volvió al lugar de la Mancha para morir sosegado. Cide Hamete Benengeli así lo contó, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo de poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.

Manuel Rebollar Barro
http://cazadoresdeintervalos.blogspot.com.es/